lunes, 12 de noviembre de 2012

DE LO QUE NO SE HABLA CUANDO SE HABLA DE DESAHUCIOS.


 La verdad, el llamar a sus cosas por su nombre y mostrarlas en su verdadera dimensión, evitar el eufemismo, etc., en las sociedades hipócritas como la que nos hemos montado, siempre es malsonante, políticamente incorrecto.
Aparte de esto, e independientemente del régimen legal del inmueble, muchos se metieron en hipotecas que no podrian hacer frente en su vida, pero en este pais donde premia el tener mas que tu vecino, da igual como, todo se montaron un mundo superficial de lujo al que hoy topados con la realidad se encuentra en la puta calle.-  El otro dia llego a mis manos esto escrito por una persona genial.- Paco Gil.- se puede decir mas alto pero no tan claro . Hoy vivimos las consecuencias de un pais corrupto hasta decir basta y no miro a nadie porque todos tienen culpa de lo que esta pasando. Estan destrozando un pais cuando se den cuenta puede que sea demasiado tarde.-



DE LO QUE NO SE HABLA CUANDO SE HABLA DE DESAHUCIOS.(Fran Gil)


Vaya por delante que se me rompe el alma en pedazos con esto de los desahucios, sobre todo cuando a los acreedores, aun con la legalidad vigente en la mano, no les tiembla una ceja desalojando de su hogar a familias con niños y/o miembros enfermos dependientes. Y ya me dan ganas de matar cuando además los que solicitan a los juzgados los desahucios están recibiendo cuantiosas ayudas públicas en avales y dineros para que no se hundan en el propio estiércol que, con la connivencia de la casta política que padecemos, han venido creando en los últimos tiempos.

Sin embargo, sobre los desahucios, nadie habla de las causas, de la gente que compró viviendas de 300.000 y 400.000 euros con nóminas de 2.000 tan contenta por que la Caja le concedió el préstamo hipotecario.

Tampoco nadie habla de los abusos de los propietarios de viviendas de segunda mano que, sabiendo de la esplendidez de las Cajas concediendo hipotecas, ponían precios desorbitados a las mismas -que en principio no tenían pensado vender- sin sentir el más lejano asomo de cargo de conciencia ni de vergüenza.

Ni de los compradores que, con la complicidad del director de la oficina bancaria del turno para que "cuadrasen los números" y poder conceder la hipoteca, justificaban ingresos inexistentes o metían de avalista a algún compatriota a su vez ya metido en otro préstamo hipotecario (el llamado "cruce de avales", tú me avalas a mí y yo a ti).

O de los propietarios de viviendas del IVIMA (protección oficial) --a quienes les fueron concedidas por cumplir una serie de requisitos que no cumplen otros ciudadanos--, vendiendo sus pisos construidos con dinero público a un precio ligeramente por debajo del de mercado en viviendas de precio libre (lo que además, con proverbial desfachatez, esgrimían como argumento de venta).

Hay mucho de qué hablar de lo que no se habla sobre este asunto, pero hoy me voy a centrar en esto de las VPO y VPP. Otro día, si me apetece o alguien me lo pide, hablaré de tasadores y su relación con las entidades financieras (generalmente Cajas) y otro de cómo las Cajas, y algún que otro banco, concedían hipotecas y préstamos al consumo a tutiplén sin apenas garantías de devolución. También puedo ser más concreto en las formas que tenían los compradores de viviendas para, sabiendo que se metían hasta la columela, llegar al momento de firmar sus hipotecas alegremente en casa del notario.

Las operaciones de compraventa de este tipo de viviendas, VPO y VPP, eran curiosas, porque una vivienda en propiedad de protección oficial, pasado un tiempo que suele depender de algunos factores como su ubicación geográfica o su tipología --tiempo que generalmente es de cinco años desde escrituración--, puede ser vendida por su propietario y, claro, ¿cómo se va a quedar el propietario de vivienda de VPO o VPP sin subirse al carro de la burbuja inmobiliaria?

La mentalidad promedio del español de infantería no puede admitir eso. Lo contrario es cosa de lerdos, de pavos.

Sin embargo, dado su régimen legal de protección, la venta de estas viviendas está sujeta a una serie de limitaciones como, por ejemplo, las relativas al reglamento que establece su régimen jurídico por tipo y/o a los planes de ayudas que hayan podido recibir sus propietarios para su adquisición.

La limitación más importante para la venta de una de estas viviendas, tras haber ejercido la administración, si corresponde, sus derechos de tanteo y de retracto, y concedido permiso de transmisión (de venta) al propietario, es que éste no puede poner el precio que le salga de la polla, sino aquel que tenga establecido el municipio donde se halle la vivienda.

Por tanto, existe un precio legal de venta que además va reflejado en la misma autorización de transmisión.

Este precio es considerablemente más bajo que el de mercado en una vivienda equivalente de precio o mercado libre, como lo queramos llamar, lo que no suele gustar nada a los propietarios que en su día estuvieron encantadísimos del bajo precio que les costó a ellos. El precio precio máximo autorizado suele ser ligeramente superior al de compra, pero, ya digo, en ningún caso al nivel del de mercado libre. Ni de coña, vamos.

Pero en Ex-paña, país corrupto desde su mitocondria por antología y por antonomasia, tanto vendedor como comprador pudieron pasarse estas limitaciones legales por el escroto durante la burbuja inmobiliaria.

El vendedor vendía su vivienda VPO por un precio cercano al de mercado en una vivienda libre equivalente en superficie, dotaciones y ubicación.

El comprador compraba esa vivienda a un precio más barato que el de una libre equivalente en superficie, dotaciones y ubicación.

Una vivienda libre equivalente en la zona costaba, por ejemplo, 250.000 euros. Entonces el propietario de VPO vendía la suya en 220.000. Pero hete aquí que en la autorización de transmisión le viene un precio máximo de venta de 90.000 (a tanto metro cuadrado x los metros cuadrados registrales = precio máximo autorizado de venta).

Si lo vende por un precio superior, así, a pelo, el notario no firma la transmisión por motivos de obviedad resplandeciente.

Entonces, la maniobra era la siguiente:

Utilizando este mismo ejemplo, en notaria los otorgantes dan el consentimiento a su negocio jurídico por el precio de 90.000 euros y el notario autoriza, es decir, realizan la operación de compraventa por el precio legal establecido, se liquidan los costes derivados de ello y el notario firma.

Pero, ¿qué ocurría con el dinero que faltaba hasta los 220.000 euros que quería el propietario?

Normalmente, que yo sepa, un particular no suele tener ahorrados 130.000 euros para entregarlos de porrazo en una vivienda de VPO. Si un particular tiene y está dispuesto a entregar esa cantidad en una vivienda, la vivienda  será de todo menos VPO.

Nos queda la gente que blanquea dinero, pero esa gente, aparte de no aparecer así como así por tu casa para ver si le gusta, 130.000 euros es demasiado dinero para que luego pueda justificarlo el vendedor sin comerse un marronazo importante.

¿Cómo se hacía entonces?

Muy fácil: había un banquito de los huevos --en este caso, y al menos en Madrid, no era Caja, sino banco--, que tenía una filial que se dedicaba a este tipo de operaciones.

 De hecho, era la única entidad financiera que lo hacía, pero aquí me reservo su nombre. En privado no tengo inconveniente en decir cuál era.

Pensando dicha entidad que en 15 años las viviendas VPO se descalifican y pasan al mercado libre, concedía al comprador, aparte de la hipoteca por los 90.000 euros del precio legal de venta, otro por los 130.000 que faltaban, pero ya como préstamo personal.

O sea, un préstamo personal de 130.000 euros con una justificación de ingresos entre los compradores de 1.800 - 2000, y aparte la hipoteca de 90.000 más gastos. Con dos cojones.

A la pregunta, ¿cómo conceden ustedes un préstamo de 130.000 euros sin garantía hipotecaria ni pignoraticia?, la respuesta era, poco más o menos, "nosotros concedemos préstamos personales a quien nos dé la gana y por la cantidad que creamos oportuna".

Claro, es dinero privado.

La cosa es que aunque el préstamo personal no esté vinculado a un bien como garantía, en caso de impago la entidad financiera puede iniciar la garantía de cobro mediante el embargo de las llamadas posiciones acreedoras, presentes y futuras, que posea el prestatario.

Al final, hemos vendido una vivienda de protección oficial por el precio que nos ha salido de los huevos con la inestimable ayuda de un banco y que sin la cual no hubiese sido posible.

Mas aunque todo parece legal, a saber, precio registral autorizado por la administración y préstamo personal que el mismo banco emisor de la hipoteca concede a quien le viene en gana con todas las de la Ley tratándose de dinero privado, la realidad es que se ha hecho una operación totalmente ilícita e inmoral.

Ilícita por que se ha vendido una vivienda protegida que se concede a ciudadanos con determinados perfiles socio-económicos delimitados en la reglamentación a la que están sujetas este tipo de viviendas por un precio muchísimo más elevado del que marca la legalidad, e inmoral por que esas viviendas están construidas con el dinero de todos, es decir, con dinero público.

En los años que duró la llamada burbuja inmobiliaria, que yo, como profesional del sector con dilatada experiencia, sitúo entre 1998 y 2006, se han realizado una cantidad insondable de operaciones de este tipo con viviendas de VPO y VPP.

Por información de primera mano, dada mi profesión, sé que actualmente la práctica totalidad de esas personas hoy están desahuciadas o están a punto de serlo, y lo más curioso es que más de la mitad conservan sus puestos de trabajo. Es decir, no siempre el perfil del desahuciado es el de alguien que queda en situación de desempleo y sin posibilidad de recolocarse en un tiempo razonable. La tendencia al alza de los tipos de interés variable de las hipotecas que alegremente firmaron, han ocasionado que muchos prestatarios, aun conservando sus puestos de trabajo y sus ingresos, hayan dejado de poder hacer frente a un plazo mensual bastante más alto que el del inicio. 

Esto es así, tal cual.

Era muy habitual escuchar que "quien no compra hoy un piso en España es por que es un gilipollas o un bulto sospechoso".

Así que vamos a quitarnos de la cabeza y de una puta vez esa demagógica e inexacta imagen de que el especulador es un individuo rollizo, vestido de frac, con chistera y que se fuma un enorme cohíba. Aquí ha especulado, en la medida de sus posibilidades y de las ocasiones que se le han presentado, TODO DIOS.

No puedo borrar de mi memoria a aquel propietario de VPO en el barrio de Orcasitas, en Madrid, con su pedazo de reproducción del Guernica ocupando toda una pared de su salón.
300.000 euros pedía el payo por su vivienda VPO porque, claro, las viviendas libres, pero similares de la zona, se estaban vendiendo en 350.000. “Muy social el precio de su vivienda, muy social”, le dije con sarcasmo en clara alusión a las connotaciones ideológicas del individuo.

Cuando le advertí de que sus intenciones no eran ni legales ni éticas y que no podía vender una vivienda del Estado en ese precio, se indignó bastante y me dijo que yo no era quien para decirle en cuánto tenía que vender su casa o dejar de hacerlo, ni tampoco darle clases de ética y que me pagaba para que le asesorase. Pero hete aquí que yo no tengo vocación de puto y mis honorarios no incluyen servicios de sumisión. 

En definitiva, aunque no nos lo queramos creer o nos joda reconocerlo, todos somos culpables de la situación por la que actualmente está pasando nuestro país. Todos hemos contribuido a que, aparte de la que afecta al resto del mundo, tengamos otra crisis paralela y de factura exclusivamente doméstica, endógena.

Y es que somos muy corruptos, señores, somos muy corruptos, coño. Somos los del “¿te lo pongo con IVA o sin IVA?”, somos los que censuramos todo aquello que no podemos alcanzar, pero que cuando está a nuestro alcance no dudamos en agarrar con inusitada fuerza.

Esto digo de momento.

Paco Gil.




2 comentarios:

  1. ¡Enhorabuena por tu artículo! Por fin alguien que ve "más allá de la realidad" y que no tiene miedo ni vergüenza de exponer lo que todos sabemos. Si estamos así es a causa de todos, los de arriba y los de abajo, porque aquí todo bicho viviente ha querido arrimar el ascua a su sardina. ¡Y ahora nos llevamos las manos a la cabeza! Un saludo.

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